Hace un par de meses, la Editorial Aguilar, mostró su interés por publicar
nuestro libro HAY ALTERNATIVAS. Propuestas para crear empleo y bienestar en
España, que nos prologó Noam Chomsky. Cuando ya se había concretado como
fecha de publicación el libro el 19 de octubre y se había comenzado su
promoción en la web de Aguilar y en librerías, los editores nos comunicaron
que la empresa deseaba retrasarla sin otra explicación de por medio, lo que
nos obligó lamentablemente a desestimar su publicación en esa editorial. Se
confirmaba así lo difícil que resulta difundir en España, en los momentos en
que son más necesarias que nunca -como ahora en periodo pre-electoral-,
ideas alternativas al pensamiento único que predomina en el debate político
y social.
Para solventar esta situación hemos optado por ofrecer nuestra obra
gratuitamente en formato pdf a través de la red y en una nueva edición
impresa en Ediciones Sequitur que, con la colaboración de ATTAC España, se
ha arriesgado a publicar rápidamente este libro que estará en librerías al
precio de 10 euros a partir del 31 de octubre. Tenemos la firme convicción
de que solo haciendo que la ciudadanía sepa lo que de verdad está sucediendo
en nuestra economía y divulgando las alternativas que existen a esta aguda
crisis del capitalismo podremos salir de ella con más empleo y bienestar
social, como demostramos en este libro. Por eso llamamos a divulgar esta
versión en pdf, a estudiarla y difundir sus propuestas y pedimos a todos los
lectores que se conviertan ellos y ellas mismas en distribuidores del libro
una vez que se encuentre impreso. Contra la censura de los grandes
oligopolios y el pensamiento único que imponen los poderes económicos,
financieros y mediáticos defendamos la pluralidad y la libertad de
pensamiento conociendo y difundiendo el pensamiento crítico.
Nota de IDP: La editorial Aguilar forma parte, junto con Alfaguara, Altea,
El País-Aguilar, Santillana y Taurus, entre otras, del Grupo Santillana,
perteneciente, a su vez, al holding PRISA. Los accionistas mayoritarios de
PRISA son la familia Polanco (35,016% de las acciones) y, desde mediados del
año pasado, un fondo de inversión norteamericano, la Liberty Acquisition
Holdings Corp. (57,7% de las acciones). Este hedge fund agrupa a más de 70
grandes inversores, entre los que figuran GLG, Taurus, Glenhill, Millenium,
T Rowe Price, First Eagle, Soros Fund, Fortress, Teachers Advisors, Canada
Pension Plan y los bancos Citigroup, Credit Suisse, Deutsche Bank y Morgan
Stanley. Os pedimos a https://correoweb.usc.es/horde3/imp/message.php?index=15475# vuestra colaboración para demostrar a quienes
han intentado silenciar este texto que su tiempo se está terminando:
difundid todo lo posible el pdf.
La ocultación de alternativas en los falsimedia convencionales es ya más que
indignante. La ciudadanía toda tiene que luchar para que algún día se les
puedan exigir responsabilidades. El silencio o la manipulación están
tratando de tapar estafas, saqueos, asesinatos. Cuando lo que se ocultan son
crímenes, el silencio también es criminal. Los medios de desinformación se
han convertido hace ya tiempo en cómplices de la barbarie.
Hay alternativas
jueves, 22 de marzo de 2012
martes, 13 de marzo de 2012
OPORTUNIDADES
OPORTUNIDADES
Todos sabemos que non hai un único xeito de ver a realidade, e tamén o difícil que é cambiar a ollada cando estamos presos do prexuízo e a razón.
Tamén sabemos que a ciencia e a economía colócannos a algúns en cómodos lugares dende os que non é sinxelo atisvar outras posibilidades máis aló do noso discurso.
Que está comodidade física e ideolóxica en gran medida enche o noso tempo e valeira as nosas inquietudes.
Preguntámonos porque temos que ser máis xenerosos,solidarios e comprometidos? Por qué non é mellor que como no mercado non regulado cada un busque o seu beneficio? Por qué pensar nesas outras persoas, se xa depositamos na autoridade elixida a responsabilidade de que o fixera por nos?
Sobrevive entre tanta razón, a inquietude que non tendo todas as respostas non atopa acougo: Inquietude por a inxustiza descarnada, por a desigualdade impúdica, por a miseria paralizante.
Dependerá de nos, que en tempo de crise e cambio, aproveitemos a oportunidade de ser máis humanos ou que floxeen de novo as forzas anestesiadas por o poder e a comodidade.
Non creemos nos que se consideran mellores que outros, creemos nos que sendo máis necesarios enchen a súa vida sen baleirar a de ninguén.
Teremos que defender os dereitos conquistados para todos, o prezo xa está pagado, das mans que os queren recortar conservando os seus. E teremos tamén que facernos cabida, para non establecer unha selección que nos deixe nun novo estanque pero de novo estancados.
Isabel Méndez
Todos sabemos que non hai un único xeito de ver a realidade, e tamén o difícil que é cambiar a ollada cando estamos presos do prexuízo e a razón.
Tamén sabemos que a ciencia e a economía colócannos a algúns en cómodos lugares dende os que non é sinxelo atisvar outras posibilidades máis aló do noso discurso.
Que está comodidade física e ideolóxica en gran medida enche o noso tempo e valeira as nosas inquietudes.
Preguntámonos porque temos que ser máis xenerosos,solidarios e comprometidos? Por qué non é mellor que como no mercado non regulado cada un busque o seu beneficio? Por qué pensar nesas outras persoas, se xa depositamos na autoridade elixida a responsabilidade de que o fixera por nos?
Sobrevive entre tanta razón, a inquietude que non tendo todas as respostas non atopa acougo: Inquietude por a inxustiza descarnada, por a desigualdade impúdica, por a miseria paralizante.
Dependerá de nos, que en tempo de crise e cambio, aproveitemos a oportunidade de ser máis humanos ou que floxeen de novo as forzas anestesiadas por o poder e a comodidade.
Non creemos nos que se consideran mellores que outros, creemos nos que sendo máis necesarios enchen a súa vida sen baleirar a de ninguén.
Teremos que defender os dereitos conquistados para todos, o prezo xa está pagado, das mans que os queren recortar conservando os seus. E teremos tamén que facernos cabida, para non establecer unha selección que nos deixe nun novo estanque pero de novo estancados.
Isabel Méndez
lunes, 12 de marzo de 2012
Acabar con la desesperación
ARTÍCULO DEL PRESIDENTE Y EDITOR DE LA VOZ DE GALICIA
Acabar con la desesperación
Escrito por: Santiago Rey Fernández-Latorre
Espere, por favor. Asco. Esa es la palabra que más se repite estos días para definir lo que está pasando en un país abandonado al despropósito. En la peor situación que se haya vivido nunca en Galicia y en España, la valentía y el coraje han desaparecido por la puerta de atrás, mientras cobra presencia omnímoda un doble juego inadmisible, que se ensaña con la clase media, pero mantiene y acrecienta inservibles estructuras de la Administración y opulentos privilegios de los que deberían ser servidores públicos.
La ineficiencia y la irresponsabilidad han sido los denominadores comunes desde que empezó la crisis, y sus consecuencias están bien a la vista: las empresas en la asfixia, el desempleo en tasas inasumibles, las expectativas de los jóvenes totalmente desbaratadas y gran parte de las familias con notorias dificultades de supervivencia.
¿Y se ha hecho algo para aliviar el sufrimiento de la gente? Nada. Las respuestas del aberrante Gobierno anterior y de los que hoy asumen responsabilidades en España y Galicia han sido siempre las mismas: recetar más recortes y más renuncias a la sociedad, hasta hacerla bajar a la fuerza varios escalones camino del empobrecimiento.
Ni han apoyado como deberían a las empresas, ni han garantizado prestaciones y servicios, ni han estimulado el consumo y el movimiento económico. Sí han subido los impuestos y el precio de los servicios básicos; sí han desangrado la economía satisfaciendo la voracidad de los especuladores internacionales. En definitiva, sí han pasado a la clase media, hasta arruinarla, una portentosa factura que en absoluto le corresponde.
Ahora -no hay más que verlo en Galicia- vuelven a la carga los políticos con más atentados contra el bolsillo de una gran parte de la sociedad. Los empleados de la sanidad y la educación y el resto de los funcionarios, ya machacados, se enfrentan a nuevos ajustes, mientras en las alturas continúa el desfile de fastos, oropeles y despilfarros pagados con dinero público.
Ese es el doble juego insostenible. Galicia derrocha presupuesto en innumerables alquileres de oficinas públicas y edificios innecesarios, repartidos por Santiago, por todas las demás ciudades y comarcas del país e incluso por el exterior, como se acaba de ver con las seudoembajadas prácticamente inactivas de Miami, Bruselas o el palacete de la Casa de Galicia en Madrid. Una Administración responsable y preocupada por el gasto no permitiría de ningún modo ese caro minifundismo administrativo, como tampoco se empecinaría en continuar adelante con el millonario dispendio del Gaiás, repleto de gastos de obra y mantenimiento pero vacío de contenido y de gente. Bien podrían ir para allí todas las oficinas ahora desperdigadas, para darle alguna utilidad a nuestra más flamante y majestuosa ruina.
Pero, con ser grande, no es esa la única equivocación de este y los anteriores Gobiernos de Galicia de cualquier color. Tras dejar que se hundiesen sectores claves como el pesquero, el agrario, el lácteo o el naval, se ha instaurado una política de remiendos tan desnortada que la sociedad no puede más que quedarse atónita cuando conoce que se destina dinero público a proyectos irreales y fallidos como el de Manzaneda. O cuando se apoya sin ningún tipo de explicación a empresas inviables e insolventes, dando oxígeno a experimentos quebrados, como sucede en la industria y en algunos medios de comunicación.
Ni explicación ni estrategia ni propósito de enmienda. El Gobierno gallego sigue empecinado en recortes a la clase media, en dejar famélicas a las universidades y en estrechar servicios esenciales como la sanidad y la educación.
No ha aprendido siquiera del mejor ejemplo que están dando los empresarios cuando, en las peores circunstancias, se fajan para superar la crisis sin beneficios ni créditos, ni más armas que su determinación y tenacidad en la lucha contra las adversidades.
Quienes pagan la factura de la crisis no pueden entender esa actitud. Ni cómo se ahonda en la contraria, con más gastos superfluos generados por la hipertrofia de todas las Administraciones. En los tiempos de la era digital, crecen como hongos las delegaciones de organismos y sus ventanillas sin ninguna lógica ni coordinación o sinergia entre ellas. Oficinas de la Xunta, del Ayuntamiento, de la Diputación, de los ministerios, consellos de contas y consultivos, valedores... Todos enmarañan la burocracia hasta hacerla insoportable, además de inasumible económicamente para el erario y para el contribuyente.
Si están buscando realmente dónde ahorrar los 40.000 millones que hacen falta para arreglar las cuentas públicas -es decir: rebajar el déficit y pagar los altos intereses que fijan los gigantes de la especulación financiera internacional- es en esa partida de gastos superfluos donde hay que entrar a saco, y no en el bolsillo de los consumidores.
Al Estado todavía le quedan muchos lugares donde tocar para hacerse eficiente. Porque nada ha hecho, de momento, para acabar con instituciones superfluas, como las diputaciones provinciales; redundantes, como el Senado, o propagandísticas, como las televisiones públicas. Tampoco ha acometido siquiera el paso de fusionar municipios incapaces de sostenerse. Y no lo ha hecho por razones electoralistas y localistas, pero también porque la desaparición de corporaciones locales significa la pérdida de numerosos puestos de concejal.
Por eso resulta intolerable el doble rasero que aplican los políticos y los que revuelan a su alrededor. Y bochornosa su forma de repartirse las prebendas. Se acaba de ver, sin ir más lejos, en el traspaso de poder de padre a hijo en Ourense. Ante el silencio o incluso el aplauso de muchos, se ha disfrazado de simple apariencia de democracia la consumación de una herencia de naturaleza puramente caciquil.
Ese desprecio por la democracia se observa incluso en el funcionamiento de la Unión Europea, con un Parlamento decorativo, una estructura inoperante, un coste verdaderamente obsceno y un poder cuasi dictatorial que se han arrogado porque sí Alemania y Francia.
Mucho deberán hacer quienes allá y aquí practican estas nefastas artes para recuperar, siquiera someramente, la confianza de una sociedad cada vez más decepcionada y molesta con su clase política.
La perdieron, desde luego, los anteriores gobernantes que fueron de aberración en aberración hasta dejar el país postrado y empobrecido, al borde de la intervención y a merced de los depredadores financieros. La perdieron también quienes exacerbaron sus ansias nacionalistas y separatistas hasta llegar a la desfachatez de permitirse señalar supuestas líneas rojas al Estado. Y poco hacen por conservarla quienes, después de clamar en la oposición, ahora en el Gobierno no son capaces siquiera de ponerse de acuerdo entre ellos en las cuestiones más elementales para iniciar la revitalización del país.
Con la oposición ausente y ocupada en sus esperpénticas guerras intestinas, España se hunde en el desastre y la decadencia, al borde del estallido social, mientras mangonean a sus anchas los halcones de la banca. Algunos, que solo ven la crisis que padecemos como un festín para sus garras, se han aprovechado bien de la situación y de la ineptitud del gobernador del Banco de España, y pretenden adueñarse a precio de ganga de mercados que les rehuían. Otros, con salarios más altos que el valor de sus entidades, se van para casa ahora con las bolsas repletas, a la espera, curiosamente, de más privilegios y homenajes.
Ni siquiera en eso se ha conseguido ofrecer a los ciudadanos algún ejemplo de dignidad. Mientras en el Reino Unido se retiran distinciones a quien pierde la reputación por su conducta, aquí se premia con las más altas a quienes no solo no las merecen, sino que deberían pagar, como en Islandia, por sus responsabilidades.
Pero el tiempo se ha acabado. Es hora de que los responsables de la gestión pública pongan fin a sus aberraciones, asuman su liderazgo y busquen soluciones en lugar de parches. Ni Galicia ni España ni Europa pueden esperar más. Hay que acabar con la desesperación y el asco.
Acabar con la desesperación
Escrito por: Santiago Rey Fernández-Latorre
Espere, por favor. Asco. Esa es la palabra que más se repite estos días para definir lo que está pasando en un país abandonado al despropósito. En la peor situación que se haya vivido nunca en Galicia y en España, la valentía y el coraje han desaparecido por la puerta de atrás, mientras cobra presencia omnímoda un doble juego inadmisible, que se ensaña con la clase media, pero mantiene y acrecienta inservibles estructuras de la Administración y opulentos privilegios de los que deberían ser servidores públicos.
La ineficiencia y la irresponsabilidad han sido los denominadores comunes desde que empezó la crisis, y sus consecuencias están bien a la vista: las empresas en la asfixia, el desempleo en tasas inasumibles, las expectativas de los jóvenes totalmente desbaratadas y gran parte de las familias con notorias dificultades de supervivencia.
¿Y se ha hecho algo para aliviar el sufrimiento de la gente? Nada. Las respuestas del aberrante Gobierno anterior y de los que hoy asumen responsabilidades en España y Galicia han sido siempre las mismas: recetar más recortes y más renuncias a la sociedad, hasta hacerla bajar a la fuerza varios escalones camino del empobrecimiento.
Ni han apoyado como deberían a las empresas, ni han garantizado prestaciones y servicios, ni han estimulado el consumo y el movimiento económico. Sí han subido los impuestos y el precio de los servicios básicos; sí han desangrado la economía satisfaciendo la voracidad de los especuladores internacionales. En definitiva, sí han pasado a la clase media, hasta arruinarla, una portentosa factura que en absoluto le corresponde.
Ahora -no hay más que verlo en Galicia- vuelven a la carga los políticos con más atentados contra el bolsillo de una gran parte de la sociedad. Los empleados de la sanidad y la educación y el resto de los funcionarios, ya machacados, se enfrentan a nuevos ajustes, mientras en las alturas continúa el desfile de fastos, oropeles y despilfarros pagados con dinero público.
Ese es el doble juego insostenible. Galicia derrocha presupuesto en innumerables alquileres de oficinas públicas y edificios innecesarios, repartidos por Santiago, por todas las demás ciudades y comarcas del país e incluso por el exterior, como se acaba de ver con las seudoembajadas prácticamente inactivas de Miami, Bruselas o el palacete de la Casa de Galicia en Madrid. Una Administración responsable y preocupada por el gasto no permitiría de ningún modo ese caro minifundismo administrativo, como tampoco se empecinaría en continuar adelante con el millonario dispendio del Gaiás, repleto de gastos de obra y mantenimiento pero vacío de contenido y de gente. Bien podrían ir para allí todas las oficinas ahora desperdigadas, para darle alguna utilidad a nuestra más flamante y majestuosa ruina.
Pero, con ser grande, no es esa la única equivocación de este y los anteriores Gobiernos de Galicia de cualquier color. Tras dejar que se hundiesen sectores claves como el pesquero, el agrario, el lácteo o el naval, se ha instaurado una política de remiendos tan desnortada que la sociedad no puede más que quedarse atónita cuando conoce que se destina dinero público a proyectos irreales y fallidos como el de Manzaneda. O cuando se apoya sin ningún tipo de explicación a empresas inviables e insolventes, dando oxígeno a experimentos quebrados, como sucede en la industria y en algunos medios de comunicación.
Ni explicación ni estrategia ni propósito de enmienda. El Gobierno gallego sigue empecinado en recortes a la clase media, en dejar famélicas a las universidades y en estrechar servicios esenciales como la sanidad y la educación.
No ha aprendido siquiera del mejor ejemplo que están dando los empresarios cuando, en las peores circunstancias, se fajan para superar la crisis sin beneficios ni créditos, ni más armas que su determinación y tenacidad en la lucha contra las adversidades.
Quienes pagan la factura de la crisis no pueden entender esa actitud. Ni cómo se ahonda en la contraria, con más gastos superfluos generados por la hipertrofia de todas las Administraciones. En los tiempos de la era digital, crecen como hongos las delegaciones de organismos y sus ventanillas sin ninguna lógica ni coordinación o sinergia entre ellas. Oficinas de la Xunta, del Ayuntamiento, de la Diputación, de los ministerios, consellos de contas y consultivos, valedores... Todos enmarañan la burocracia hasta hacerla insoportable, además de inasumible económicamente para el erario y para el contribuyente.
Si están buscando realmente dónde ahorrar los 40.000 millones que hacen falta para arreglar las cuentas públicas -es decir: rebajar el déficit y pagar los altos intereses que fijan los gigantes de la especulación financiera internacional- es en esa partida de gastos superfluos donde hay que entrar a saco, y no en el bolsillo de los consumidores.
Al Estado todavía le quedan muchos lugares donde tocar para hacerse eficiente. Porque nada ha hecho, de momento, para acabar con instituciones superfluas, como las diputaciones provinciales; redundantes, como el Senado, o propagandísticas, como las televisiones públicas. Tampoco ha acometido siquiera el paso de fusionar municipios incapaces de sostenerse. Y no lo ha hecho por razones electoralistas y localistas, pero también porque la desaparición de corporaciones locales significa la pérdida de numerosos puestos de concejal.
Por eso resulta intolerable el doble rasero que aplican los políticos y los que revuelan a su alrededor. Y bochornosa su forma de repartirse las prebendas. Se acaba de ver, sin ir más lejos, en el traspaso de poder de padre a hijo en Ourense. Ante el silencio o incluso el aplauso de muchos, se ha disfrazado de simple apariencia de democracia la consumación de una herencia de naturaleza puramente caciquil.
Ese desprecio por la democracia se observa incluso en el funcionamiento de la Unión Europea, con un Parlamento decorativo, una estructura inoperante, un coste verdaderamente obsceno y un poder cuasi dictatorial que se han arrogado porque sí Alemania y Francia.
Mucho deberán hacer quienes allá y aquí practican estas nefastas artes para recuperar, siquiera someramente, la confianza de una sociedad cada vez más decepcionada y molesta con su clase política.
La perdieron, desde luego, los anteriores gobernantes que fueron de aberración en aberración hasta dejar el país postrado y empobrecido, al borde de la intervención y a merced de los depredadores financieros. La perdieron también quienes exacerbaron sus ansias nacionalistas y separatistas hasta llegar a la desfachatez de permitirse señalar supuestas líneas rojas al Estado. Y poco hacen por conservarla quienes, después de clamar en la oposición, ahora en el Gobierno no son capaces siquiera de ponerse de acuerdo entre ellos en las cuestiones más elementales para iniciar la revitalización del país.
Con la oposición ausente y ocupada en sus esperpénticas guerras intestinas, España se hunde en el desastre y la decadencia, al borde del estallido social, mientras mangonean a sus anchas los halcones de la banca. Algunos, que solo ven la crisis que padecemos como un festín para sus garras, se han aprovechado bien de la situación y de la ineptitud del gobernador del Banco de España, y pretenden adueñarse a precio de ganga de mercados que les rehuían. Otros, con salarios más altos que el valor de sus entidades, se van para casa ahora con las bolsas repletas, a la espera, curiosamente, de más privilegios y homenajes.
Ni siquiera en eso se ha conseguido ofrecer a los ciudadanos algún ejemplo de dignidad. Mientras en el Reino Unido se retiran distinciones a quien pierde la reputación por su conducta, aquí se premia con las más altas a quienes no solo no las merecen, sino que deberían pagar, como en Islandia, por sus responsabilidades.
Pero el tiempo se ha acabado. Es hora de que los responsables de la gestión pública pongan fin a sus aberraciones, asuman su liderazgo y busquen soluciones en lugar de parches. Ni Galicia ni España ni Europa pueden esperar más. Hay que acabar con la desesperación y el asco.
martes, 7 de febrero de 2012
UN CIERTO SILENCIO. LO QUE QUIERO AHORA
Magazine | 19/01/2012 Por Ángeles Caso Ángeles Caso
Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente
estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi
compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la
cabeza más sana que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez
porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas
y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá,
porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado
llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al
menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado
vida.
Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder,
ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas
de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la
maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los
egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y
cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa
una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian
el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas
fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de
esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se
desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los
malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas
que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa
con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te
salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de
sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la
ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y
unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos.
Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen
la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo
demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté
tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con
gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el
dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar
desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de
haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez
que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca,
nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque
esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un
rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.
Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente
estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi
compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la
cabeza más sana que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez
porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas
y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá,
porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado
llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al
menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado
vida.
Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder,
ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas
de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la
maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los
egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y
cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa
una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian
el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas
fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de
esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se
desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los
malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas
que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa
con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te
salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de
sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la
ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y
unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos.
Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen
la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo
demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté
tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con
gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el
dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar
desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de
haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez
que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca,
nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque
esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un
rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.
martes, 20 de septiembre de 2011
Sobre as oportunidades en tempos de crise
Cantas comentarios nos medios sobre o pasado, presente e futuro da crise!
Nos, os desta casa, cantas veces temos dito “isto non hai quen o cambie” e nesa expresión encerrar todo o inmobilismo de acción transformadora ou simplemente ilusiónante. Ocultos no anonimato e o típico “todos nos coñecemos”, que nos deixa ben anclados nos nosos prexuízos, sepultamos algunhas veces as inquietudes por mellorar e mellorarnos.
Estamos en tempos de crise e crise significa oportunidade de cambio, posibilidade de construír un entorno mellor, unha cidade mellor, un mundo mellor... Ofrécenos os tempos a oportunidade de repensarnos como profesores, como investigadores, como compañeiros.....de pensar no tipo de economía que fixese do desenvolvemento das persoas o seu eixe central, na que o obxectivo social gañase na empresa o obxectivo económico, na que a política sacase a palestra as mellores cabezas
As circunstancias dannos a oportunidade de recuperar valores esquecidos de solidaridade, de compromiso co outro, de usar a intelixencia en favor da honestidade e o desenvolvemento humano e económico. Dannos a oportunidade de despertar a inquietude, a ilusión e o esforzo e de que todos arrimemos o ombro.
Os tempos teñen demostrado individual e colectivamente que os recursos económicos por si solos non son quen de manternos como individuos satisfeitos con nos mesmos e o mundo que construímos. Tamén parece que os tempos estannos dicindo que se as economías se moven fundamentalmente no mundo da especulación e a manipulación a que nos someten os mercados, antes ou despois entramos en crise e, probablemente, voltaremos a ela as veces que sexan precisas namentres non aprendamos a lección. Por iso teriamos que buscar dalgún xeito novas opcións diferentes del “sálvese quien pueda”.
Quizá señan tempos de enfocar a inspiración para que as teorías nos axuden a crear novas ideas, e anclalas en novos valores que nos manteñan desperta a ilusión por nos e por os outros. Boa sorte para todos e moita imaxinación neste novo curso 2011/12!.
Isabel Méndez.
viernes, 27 de mayo de 2011
FMI. ¿E agora qué?
Dempois da detención de Strauss-Kahn ¿producirase unha nova viraxe?.¿Cara onde?. Reproducimos o texto de Stiglitz, profesor da Universidade de Columbia e premio Nobel de Economía, acerca dos últimos cambeos no organismo.
“El viraje a tiempo del FMI
JOSEPH E. STIGLITZ 15/05/2011
Este artículo fue escrito antes de conocerse la detención de Dominique Strauss-Kahn
La reunión anual de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) fue notable, ya que marcó el esfuerzo de este por distanciarse de sus propios dogmas de hace muchos años sobre el control de capitales y la flexibilidad del mercado laboral. Parece que gradualmente -y cautelosamente- un nuevo FMI ha surgido bajo el liderazgo de Dominique Strauss-Kahn.
Poco más de 13 años antes, en la reunión de Hong Kong del FMI en 1997, este había intentado enmendar su carta para ganar más margen de acción y empujar a los países hacia una liberalización del mercado de capitales. El momento no podía haber sido menos oportuno: la crisis del Este de Asia se estaba gestando -una crisis que fue, en gran medida, resultado de la liberalización del mercado de capitales en una región que, dada su elevada tasa de ahorro, no la necesitaba en absoluto.
Esta línea de acción había sido defendida por los mercados financieros de Occidente y por los ministros de Finanzas occidentales que les son tan fieles. La desregulación financiera en EE UU fue una causa importante de la crisis global que estalló en 2008, y la liberalización financiera y del mercado de capitales en otras partes ayudó a propagar ese trauma made in USA por todo el mundo.
La crisis demostró que los mercados libres y descontrolados no son ni eficientes ni estables. Tampoco necesariamente sirvieron de mucho a la hora de fijar precios (basta con ver la burbuja inmobiliaria), incluyendo los tipos de cambio (que son simplemente el precio de una moneda en términos de otra).
Islandia mostró que responder a la crisis imponiendo controles al capital podía ayudar a los países pequeños a manejar su impacto. Y la relajación cuantitativa (QE1) de la Reserva Federal de EE UU tornó inevitable el deceso de la ideología de los mercados sin control: el dinero va hacia donde los mercados piensan que los retornos son más altos. Frente al auge de los mercados emergentes, y con EE UU y Europa de capa caída, era evidente que gran parte de la nueva liquidez que se estaba creando encontraría su destino en los mercados emergentes. Esto resultó especialmente cierto, dado que el conducto de crédito de EE UU seguía obturado y muchos bancos comunitarios y regionales todavía estaban en una situación precaria.
El resultante incremento de dinero hacia los mercados emergentes trajo consigo que hasta los ministros de Finanzas y los gobernadores de los bancos centrales que se oponen ideológicamente a intervenir creen que no tienen más opción que hacerlo. De hecho, uno tras otro, los países optaron por intervenir de una manera u otra para impedir que el valor de sus monedas subiera por las nubes.
Ahora el FMI bendice ese tipo de intervenciones -pero, como una concesión para aquellos que todavía no están convencidos, sugiere que se las debería utilizar solamente como un último recurso-. Por el contrario, deberíamos haber aprendido de la crisis que los mercados financieros necesitan regulación, y que los flujos de capital transfronterizos son particularmente peligrosos. Estas regulaciones deberían ser una parte esencial de cualquier sistema para asegurar la estabilidad financiera; recurrir a ellas solo como último recurso es una receta para una continua inestabilidad.
Existe un amplio rango de herramientas de gestión de cuentas de capital, y lo mejor es que los países usen varias de estas herramientas. Aunque no sean plenamente efectivas, normalmente son mucho mejor que nada.
Pero un cambio aún más importante es el vínculo que el FMI finalmente trazó entre desigualdad e inestabilidad. Esta crisis fue, en gran medida, resultado del esfuerzo de EE UU por estimular una economía debilitada por una mayor desigualdad a través de tipos de interés bajos y una regulación laxa (que hicieron que mucha gente pidiera prestado mucho más allá de sus posibilidades). Deshacer las consecuencias de este endeudamiento excesivo llevará años. Pero, como nos recuerda otro estudio del FMI, este no es un patrón nuevo.
La crisis también puso a prueba los viejos dogmas que culpan del desempleo a la rigidez del mercado laboral, ya que a los países con salarios más flexibles, como EE UU, les fue peor que a las economías del norte de Europa, entre ellas Alemania. Por cierto, conforme los salarios se debiliten, a los trabajadores les resultará aún más difícil devolver lo que deben, y los problemas en el mercado inmobiliario se agravarán. El consumo seguirá siendo limitado, mientras que una recuperación sólida y sostenible no puede basarse en otra burbuja alimentada por la deuda.
Tan desigual como era EE UU antes de la Gran Recesión , la crisis -y la manera en que fue manejada- llevó a una desigualdad de ingresos aún mayor, haciendo que la recuperación sea mucho más difícil. Estados Unidos se está preparando para su propia versión de un malestar al estilo japonés.
Sin embargo, existen soluciones para este dilema: fortalecer la negociación colectiva, reestructurar las hipotecas, utilizar palos y zanahorias para que los bancos vuelvan a prestar dinero, reestructurar las políticas impositivas y de gasto para estimular la economía hoy a través de inversiones a largo plazo e implementar políticas sociales que aseguren oportunidades para todos. Como está hoy día, con casi una cuarta parte de los ingresos totales y el 40% de la riqueza estadounidense en manos del 1% que más gana, EE UU hoy es menos una tierra de oportunidades que incluso la vieja Europa.
Para los progresistas, estos datos abismales son parte de la letanía habitual de frustración y furia justificada. Lo que es nuevo es que el FMI se ha sumado al coro. Como concluyó Strauss-Kahn en su discurso en la Brookings Institution poco antes de la reciente reunión del FMI: "En definitiva, el empleo y la igualdad son los pilares de la estabilidad y la prosperidad económica, de la estabilidad y de la paz política. Esto está en el corazón del mandato del FMI. Se debe colocar en el corazón de la agenda política".
Strauss-Kahn está demostrando ser un líder sagaz del FMI. Solo nos queda esperar que los Gobiernos y los mercados financieros presten atención a sus palabras.”
viernes, 6 de mayo de 2011
O cárcere da cultura
Xa que me pediron que non me extendera demasiado, posto que algúns lectores poderían asustarse o ver a extenxión. Vou ser directo e centrarme xa, no que non só é unha aberración económica senón tamén, unha manipulación da realidade cultural galega iso que se deixa chamar “Cidade da Cultura” (mellor sería chamarlle “Cárcere da Cultura”)
Pero vaiamos por partes, é unha loucura económica porque o chiste xa nos leva custado uns 474[1] millóns de euros! Como se atreven a decir agora os políticos que hai que reducir e racionalizar o gasto cando eles foron os máis irracionais e dilapidaron uns recursos tan prezados e necesarios, nuns tempos nos que se están a reducir os dereitos e liberdades (conceptos que algúns se apropiaron e fan uso manipulado deles) da clase traballadora a través da redución de gastos e privatizacións?
Dinnos que non hai cartos para hospitais e ten que entrar a financiación privada que é máis cara, pero si hai cartos para a Cidade da Cultura; non hai cartos para as nosas Universidades, que ben se ve como están algunhas facultades, pero si hai cartos para a Cidade da Cultura; non hai cartos para os nosos científicos, que teñen que coller as maletas e emigrar producindo unha gran perda económica para o país, pero si hai cartos para a Cidade da Cultura; non hai cartos para fortalecer o noso agro, pero si hai cartos para a Cidade da Cultura. Eu o que e que os cartos aparecen cando algúns din que teñen que aparecer. E isto sen falar de todo o nepotismo e irregularidades que cheiraron ao redor da construción do mausoleo como por exemplo, camións cisterna que eran presupostados e ían parar a obras privadas. Pero reflexionen, que se faría agora mesmo con 400 millóns neste país?
Para máis índole, a manifestación que nese edificio chamado “Arquivo de Galicia”se fai da cultura galega, mostra que nos encamiñamos cara o embotellamento e o encarceramento definitivo da nosa identidade. É algo así coma viaxar no tempo e verme cos meu netos explicándolle que en Galicia existiu unha historia e lingua propia. Nestes tempos nos que algúns defenden un bilingüismo pero nin sequera saben falar galego, onde algúns se fan pasar por defensores da liberdade pero o que fan é determinala prohibindo aos seus fillos coñecer e ter a posibilidade de falar a lingua de Galicia; nun intre no que a porcentaxe de galego-falantes en cidades como A Coruña e Vigo son ridículos, onde algúns din que o galego non hai que defendelo nin coidalo, posto que sobrevive por si mesmo (preguntándome porque esta xente defende a “Cidade da Cultura”, ou porque entón todos los españoles gastamos dinero de nuestros bolsillos en impulsar el español a través del Instituto Cervantes) e onde máis recentemente se están a sentar as bases para liquidarse as autonomías (aquelas que se deixen).
En resumo, nun momento de decadencia absoluta da idiosincrasia e soberanía galega, como se atreven algúns a facer tan enorme exercicio de falsedade exaltando a históricos galegos que reivindicaban o que estes outros queren comprimir? Si se deixaran de tanta carallada e defenderan a cultura galega como hai que defendela!!!
Alberto Turnes
[1] cifra publicada no xornal Público na edición do 12/01/2011
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